Relato de un casi-operado

Hace ya bastantes años me detectaron una escoliosis idiopática por pura casualidad en el traumatólogo, y ese fatídico día empezó mi pequeño calvario personal de médicos, corsés, “brujos” y “chamanes” que iba a durar bastantes años.

Debido a la testarudez de mis padres en encontrar segundas, terceras y cuartas opiniones sobre mi espalda, pasé por las manos de diversos médicos, fisioterapeutas, quiroprácticos y, mi categoría preferida, los charlatanes que, más que curar, hablaban mucho y cobraban el doble.

En fin, que intenté diversos métodos y terapias esperanzadoras sin resultado alguno (o resultados a muy corto plazo) y, sin darme cuenta, tras años de terapias, me encontré (sin saber muy bien cómo había llegado hasta ese punto) sentado delante del cirujano, que me explicaba cómo sería mi intervención (esa que tantos me habían dicho que no llegaría nunca o que sería solamente la última opción).

En aquel entonces yo era una persona que el único deporte que conocía era el que echaban por la tele, y el cirujano me recomendó que me pusiera en forma para afrontar con mayor facilidad el post-operatorio.

Fue entonces cuando me puse en contacto con EP (con Gaspar concretamente al que ya conocía de antes) que, justo, estaba arrancando, y empecé a entrenar en EPersonal La Vila Colón, primero algún día suelto, más tarde alguno más y, finalmente, cuando el cuerpo me lo permitió, con bastante frecuencia.

Ahora, después de algunos años entrenando puedo afirmar (de corazón) que no hay mejor medicina que el ejercicio continuo, ya que te reporta múltiples beneficios como el sentirte más ágil, el constiparse menos en invierno y, mi favorito, lo que no te dan ni todos los médicos juntos:

Autoestima y capacidad de superación.

Por cierto, gracias a empezar a entrenar, al final ni siquiera llegué a operarme y le agradezco a aquel cirujano el haberme metido en el cuerpo el miedo que me impuls a empezar a entrenar en EP, una de las mejores decisiones de mi vida.

Dedicado a Gaspar y Lillo.

Pedro López