El reto de la Transpirenaica en 14 días (I)

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Aún recuerdo el día en el que hablando con Miguel, como suelo hacer tantas veces, me contó su intención de hacer un reto personal que tenía en mente hacía ya algún tiempo. Consistía en recorrer la ruta Transpirenaica, el GR-11, aprovechando el periodo que tenía de vacaciones. Para aquel que no conozca en qué consiste tal reto, la ruta Transpirenaica es uno de los mayores retos de cualquier corredor de montaña. Consiste en una travesía de montaña de costa a costa desde el Cabo Higuer (el cabo más oriental del mar Cantábrico), hasta el Cap de Creus que marca el confín más noroccidental de los Pirineos en el mar Mediterráneo. En total fueron unos 885 km y 47293 m de desnivel positivo realizados en 14 días del 14 al 28 de agosto en solitario.

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Recorrido Transpirenaica GR-11

Días antes de realizar el viaje me comentaba cómo se había organizado las diferentes etapas, los lugares de paso y los refugios para tener un lugar donde poder descansar, dormir y preparar todo lo necesario para el siguiente día.

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Preparativos antes del GR-11

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Esquema etapas refugios, desniveles, km y teléfonos utilizado para la Transpirenaica

En total salieron 14 etapas, cada una de ellas diferentes, con algo especial, y distintas tanto en las sensaciones que transmitía el cuerpo, como en los  paisajes, terreno, dificultades y meteorología. Además, la acumulación de los km de cada día, generaba un estado de incertidumbre en cada una de las etapas, que aún hizo este reto más épico y mágico.

Para poder afrontar tantos cambios de estados físicos y anímicos durante toda la travesía hay que estar muy preparado, y Miguel sabía que no iba a ser tarea fácil. Tenía que ir preparado físicamente para aguantar el estrés de cada una de las etapas pero, más importante aún, era tener la dureza mental y convicción en un mismo para seguir adelante sin mirar atrás durante los 14 días de carrera y superar cada una de las dificultades que se le presentaran.  Nadie que no haya realizado este tipo de reto antes puede llegarse  a imaginar la dureza del mismo.

Podríamos escribir un sinfín de anécdotas y curiosidades que ocurrieron durante las dos semanas de aventura, pero haremos un resumen de las etapas divididas geográficamente en Pirineo Occidental, Pirineo Central y el Pirineo Oriental. También contaremos aquellas vivencias que más le marcaron y que hicieron  de este reto uno de los más especiales que Miguel ha realizado nunca.

Lo primero a pensar, era la forma de viajar de su pueblo (Beneixama) a Hondarribia (Guipúzcoa), el punto de partida de la Transpirenaica y para ello contó con su hermano Daniel que se brindó a llevarlo en moto hasta allí y acompañarle en ese primer día.

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Faro del Cabo de Higuer. Punto inicial de la travesía.

Una vez inició el GR-11 empezó a adentrarse en el Pirineo Occidental, caracterizado por el verdor del paisaje, y sus montañas y cimas redondeadas. Es una zona de abundantes precipitaciones, con niebla y vientos húmedos por la cercanía al mar. Estas inclemencias meteorológicas estuvieron presentes en gran parte de las etapas de esta primera parte, las cuales acumularon una media de 74 km con desniveles de  +/- 3000 m.  Fue a partir de Zuriza, ya en la tercera etapa, cuando Miguel dejó a un lado esta parte del Pirineo para adentrarse en el Pirineo Central.

El estado de ánimo y la motivación eran fantásticos y el cuerpo iba respondiendo. Además, fue una gran casualidad encontrarse en uno de los puntos de paso donde Miguel paró a comer a una familia de su pueblo que estaba de viaje por la zona; hecho que le animó muchísimo.

 

En el Pirineo Central las montañas se vuelven más agrestes. Es ya alta montaña. Dejamos atrás las montañas calcáreas para correr sobre imponentes murallas, rodeando muchos tresmiles y a veces pasando tan cerca que resulta irresistible desviarse de la ruta para subir a su cima. Esta parte llevó a Miguel a recorrer increíbles lugares como el Ibón de Estanes, Candanchú, Benasque, el Parque Nacional de Ordesa y el Monte Perdido con su imponente valle rodeado de bosque,entre cascadas, y encajonado por interminables paredes; y el Aneto, la cima más alta de lo Pirineos con sus 3.404m.

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Pirineo Central

Sin duda alguna esta parte central de la Transpirenaica fue la que más castigó físicamente a Miguel. Una de las etapas más épicas fue la 4ª, llegando a la una de la madrugada al refugio, todo empapado, después de realizar 71 km con 3800 m de desnivel y refugiarse de una gran tormenta durante cerca de 2 horas en una cabaña cerca de los 2800m. El correr se hacía muy difícil, por el terreno, la lluvia, el viento, buscando las famosas marcas rojas y blancas, y cruzando ríos que bajaban con mucho caudal. Lo positivo, el recibimientos de buenos amigos en el refugio con ropa seca, comida y muchos ánimos. La parte negativa un dolor de rodilla que se acentuaba etapa tras etapa y que le acompañó hasta la séptima. El descanso, el comer bien, algún que otro masajes y antiinflamatorios se hacían cada vez más necesarios para seguir adelante.

En la 7ª etapa ya se adentró en el Pirineo Oriental,  que va desde las ásperas crestas graníticas sobre el Valle de Arán hasta el Cap de Creus en el Mar Mediterráneo. Aunque esta es la parte más oriental de los Pirineos, se mantiene una altitud nada desdeñable y el carácter de alta montaña se mantiene intacto. En él encontró grandes macizos como el Parque Nacional de Aigüestortes y Estany de Sant Maurici, uno de los lugares más bellos y visitados. También montañas tan conocidas como Peguera, Mont Valier, Mont Roig o Certascan y cumbres emblemáticas, como la doble punta rocosa del Pedraforca, el Puigmal o el Canigó.

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Parque Nacional de Aigüestortes y Estany de Sant Maurici

En toda esta parte Miguel también pasó por lugares que seguro son más conocidos como Espot, Estaón, el Parque Natural de l’Alt Pirineu, el Parque Natural de Coma Pedrosa subiendo al espectacular Portella de Baiau (2757 m), el refugio de Restanca, Arinsal, Ordino, Principado de Andorra y toda la zona de la Cerdanya.

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Refugio Restanca (2010 m). Vall d’Aran.

Como he comentado antes, en este tipo de retos se pone el cuerpo al límite durante muchos días y esto siempre provoca estrés al organismo que puede derivar en determinados problemas musculares, articulares, digestivos, alérgicos, psicológicos, etc. Esto es lo que le ocurrió a Miguel al iniciar la 8ª etapa, cuando se levantó con la cara totalmente hinchada. Con la visibilidad notablemente reducida a causa de la inflamación tuvo que bajar desde el refugio de Restanca a 2010 metros hasta la población de Espot donde entró a una farmacia a preguntar cuál podía ser la causa. El diagnóstico fue un cúmulo de efectos derivados de algunos comprimidos antiinflamatorios que llevaba ya algunos días tomando y también de la respuesta del organismo ante el estrés que estaba generando a su cuerpo a nivel muscular y orgánico.

Cada día que pasaba, las conversaciones, los diálogos, y los pensamientos internos con uno mismo eran mayores y muchas veces llegaban a saturarle la cabeza a tales niveles que incluso parecían no desaparecer de ella: “ lo puedo hacer”…”esto es más duro de lo que pensaba”, “me encuentro mal….esto es una locura”…”tengo que llegar al próximo refugio y ya veremos que hago…” “venga sigo…” “no puedo más…” “… sí que puedo”. Esto era una constante que se acentuó en mayor medida la última semana, pero pensándolo ahora bien fue incluso bueno puesto que desviaba la atención de no pensar en los dolores musculares y articulares que a esas alturas del recorrido eran inevitables. Llevaba por entonces 9 días de carrera con etapas de hasta 100 km y un sinfín de sensaciones y estados de ánimo que acentuaban la dureza de tal reto. Llegados a este punto quedaba el último empujón; por delante 5 etapas para concluir una aventura épica e impresionante.

Y en este punto os dejo. Me queda por relataros las últimas 6 etapas, que como os podéis imaginar, son una auténtica aventura. Así que pronto tendréis la 2ª parte y el vídeo final de la llegada de Miguel a Cap de Creus, además de alguna sorpresa.

¡¡No os lo podéis perder!!

Ver la segunda parte, ¡vídeo incluido!

Jose Miguel Lozano