Entrenar a través de la eficiencia cognitiva (Parte 1)

Hoy quería hablaros de uno de los elementos más importantes en el deporte actual, tanto a nivel formativo como de rendimiento;  como es “entrenar a través del cerebro” o lo que es lo mismo: la importancia del cerebro en el rendimiento deportivo. Dejando de lado aspectos como la motivación u otros relacionados con aspectos más psicológicos, nos vamos  a centrar en el aspecto más “primitivo” de nuestro sistema cognitivo, como es el proceso de toma de decisiones que guiará a nuestro organismo hacia un rendimiento óptimo.

¿QUÉ ES EL  NEURODESARROLLO?

El neurodesarrollo es el proceso por el cual, nuestras estructuras cerebrales evolucionan para adquirir de forma progresiva habilidades generales y específicas de la especie humana. Esta capacidad que tiene nuestro cerebro para aprender se llama plasticidad neuronal y depende básicamente de la experiencia, amén de la herencia genética y  de las diferentes fases en las que nos encontramos en cada momento de la vida. Estos aprendizajes se establecen a través de la producción y modificación de las conexiones neuronales en nuestras estructuras cerebrales.
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¿QUÉ PAPEL TIENE EN TODO ESTO LA MODULACIÓN DE LOS CIRCUITOS NEURONALES?

Las conexiones neuronales son la interrelación que se produce entre nuestras neuronas tras recibir un determinado estímulo para proporcionar una respuesta de nuestro organismo al mismo.  A través de la interacción y la repetición de una misma experiencia estas conexiones neuronales se modulan para adaptarnos mejor a esta nueva capacidad o habilidad. Se ha visto que este tipo de modulaciones se producen con mayor facilidad en un encéfalo joven, por ello podemos decir que es más “sencillo” enseñar a montar en bicicleta a un niño que modificar la técnica de pedaleo de un ciclista de rendimiento. Ya que este último ha interiorizado esta conducta a través de la experiencia, en unos periodos críticos determinados, logrando unas conexiones neuronales muy estables que codifican su mapa del pedaleo. Estos patrones de actividad concretos modifican y tornan permanentes  determinados circuitos neuronales, es por ello, que para obtener una mejora en la eficiencia de patrones motrices específicos; es imprescindible llevar a cabo en el individuo un plan de trabajo específico, a través del cual, mejorar el rendimiento a partir de un reaprendizaje significativo.

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PERIODOS CRÍTICOS DEL NEURODESARROLLO

Un periodo crítico, es una fase temporal propicia para la interiorización de nuevas habilidades y aprendizajes. Ventanas temporales a través de las cuales la capacidad cerebral para este fin, es más importante que en otras etapas. Durante este periodo el comportamiento dado es más susceptible a las influencias ambientales. Por el contrario, una vez pasado este periodo es mas complicado remediar el posible déficit de estímulo creado durante este periodo de tiempo.

Cuando nacemos poseemos millones de neuronas, pero con escasas relaciones de facilitación o modulación entre sí, y es a partir de este momento cuando a través de la interacción con el medio empezamos a establecer estas conexiones. Los seres humanos somos activos durante toda nuestra vida, (tanto en la etapa prenatal, como a partir de nuestro nacimiento) pero conforme pasan los años; nuestra capacidad de aprendizaje va decayendo.

El periodo crítico donde más interconexiones se producen son los 10 primeros años de vida, a partir del nacimiento. Especialmente los primeros 3 años, donde de forma más rápida se producen interrelaciones en nuestros circuitos neuronales. Es en estos primeros años (en este periodo crítico), cuando hemos de propiciar un entorno rico en estímulos, experiencias y emociones, pero no sólo en esta etapa.

PROCESO DE TOMA DE DECISIONES

El proceso de toma de decisiones es el conjunto de operaciones que tiene lugar desde el instante que recibimos un estímulo hasta que nuestro organismo emite una determinada respuesta adaptativa. Consta de 3 fases:

  1. RECEPCIÓN ESTÍMULO: Recibimos un estímulo a través de nuestros sentidos. Por ejemplo: Balón aéreo. Jugador ha de saltar a rematarlo de cabeza
  2. TOMA DE DECISIÓN: Jugador calcula distancias, tiempo que el balón tardará a llegar a un punto “x”, patrón motriz que deberá llevar a cabo para batir + saltar + interaccionar con el balón + rematar de cabeza hacia un punto “y” + caer en un punto “z” en buenas condiciones. Todo esto en milésimas de segundo.
  3. EJECUCIÓN: Fase en la que debe llevar a cabo todo el proceso codificado en el punto 2.

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PLASTICIDAD NEURONAL APLICADA AL CONTEXTO DEPORTIVO

El contexto de la actividad física y el deporte tanto a nivel formativo como élite es el que más complejidad neuromotora exige a nuestro organismo. Cualquier gesto técnico-táctico sencillo, viene codificado por una serie de conexiones neuronales extremadamente complejas, la calidad y eficiencia de las cuales determinarán el éxito o fracaso de la acción motriz.

Cualquier contexto competitivo exige la toma constante de decisiones, aumentando su complejidad en deportes con diferentes factores de interacción. Debemos preparar a nuestro atleta a través de contextos similares al escenario competitivo, al que se va a enfrentar; a través de la globalidad e integración de factores. 
Cualquier contexto competitivo exige cientos de decisiones por segundo a través de procesos como el anteriormente citado, aumentando exponencialmente su complejidad en deportes con componentes tácticos complejos e interacción con compañeros y rivales. Estos procesos además, la mayoría de las veces se superponen entre sí, debido a la interrelación con diferentes factores y elementos siendo aún más complejos ya que se trata de habilidades “artificiales” en contextos “especiales”.

Es decir, ningún ser humano fue creado para botar un balón o pedalear, como mucho para correr delante de un león o trepar un árbol a coger fruta. Por ello hemos de interaccionar y preparar al atleta a través y a partir de patrones motores específicos a los cuales debemos dar un contexto de globalidad en detrimento del clásico panorama analítico que hemos utilizado en el paradigma tradicional.

A través de los años y la experiencia hemos aprendido a adaptar nuestras preparaciones físicas al deporte para el que van destinadas. No entrena igual un ciclista, un tenista o un futbolista. Actualmente ningún futbolista trabaja la resistencia dando vueltas al campo o la fuerza realizando series de pesas sin transferencia a su deporte. Se entrenan resistencias específicas, la fuerza a través del movimiento y la velocidad específica de su deporte. De la misma forma debemos extrapolar estos principios al resto de factores entrenables, especialmente aquellos que tienen que ver con la ejecución de movimientos y el proceso que nos llevará a ello: No podemos entrenar un dribbling esquivando conos, puesto que no tiene una transferencia real al deporte para el que va destinado, para la situación para la que el deportista se está preparando. El jugador necesita un contexto real, polarizando al aspecto que quiere trabajar. Necesita un contexto cambiante a través de la incertidumbre, con diversas variables relacionadas y atribuibles al escenario al que se va a enfrentar y con una lógica interna tan real como es el contexto competitivo en el que lo va a implementar. Este tipo de trabajo creará a través de la plasticidad neuronal, conexiones óptimas para su práctica deportiva, específicas de la misma, modificará y reforzará otras ya existentes en busca de una mayor eficiencia y éxito.

Por otro lado, es imprescindible cuantificar todo este tipo de estímulos. De igual forma que medimos la cantidad de trabajo físico que puede soportar mi atleta en función del momento en que nos encontramos; hemos de saber “dosificar” y ajustar la cantidad de trabajo cognitivo que debo “suministrar” a mi deportista. ¿Qué aspectos/conceptos puedo trabajar con mi atleta en determinados momentos de la temporada? ¿Cuántos conceptos puedo trasladar a mi deportista en cada periodo? ¿En qué partes de la sesión y mediante que herramientas? ¿Cómo abordar modificaciones en determinadas conductas y factores técnico/tácticos?

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CONCLUSIONES

El trabajo cognitivo, el trabajo neuromotor integrado con el resto de factores del entrenamiento, es el reto que se propone a los entrenadores y preparadores del siglo XXI. En un entorno competitivo cada vez más igualado y mas profesionalizado, son aquellos deportistas capaces de decidir y ejecutar con mas rapidez, eficacia y precisión;  los que van un paso por delante del resto. Sólo trabajando a través de la eficiencia neuronal, en un contexto creado para tal fin, seremos capaces de transmitir a nuestros atletas; un trabajo significativo con transferencia real a la  práctica deportiva a través de la cual llevaremos al atleta a una eficiencia motriz garantía de éxito.

A través de este artículo pretendo huir del clásico planteamiento en el proceso de toma de decisiones, donde tradicionalmente hemos incidido y planteado nuestro trabajo hacia la fase final:

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 Para enfocar nuestro trabajo y objetivos hacia la fase inicial. A través del estudio individualizado del deportista podremos establecer las fases y etapas propicias donde abordar todos nuestros objetivos. Y es, a partir de aquí, donde encontramos mucho más margen y capacidad operativa para ayudar al deportista a alcanzar la excelencia, o mejor dicho; su excelencia.

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A través de este proceso es fundamental y no se entiende de forma diferente, contar con la metodología de trabajo adecuada y aunque damos pasos en el camino adecuado, pocos son los profesionales que hacen de la globalidad y el trabajo cognitivo integrado integrado su referencia y diferenciación.

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A partir de aquí, solo el deportista será el encargado de marcar sus límites, ya que nuestro trabajo como entrenadores y preparadores no es otro que otorgar al atleta todas las herramientas necesarias para alcanzar su máximo potencial, o mejor dicho; ofrecer al deportista todos los elementos necesarios para que sea él mismo, quien fabrique sus propias herramientas para lograr un desarrollo pleno de sus capacidades.

Para finalizar me gustaría decir que en pleno siglo XXI no entiendo el entrenamiento de forma aislada ni la concepción de los factores como elementos independientes. Solo lograremos el máximo potencial en nuestros atletas cuando dejemos de concebir los elementos que integran el entrenamiento como compartimentos estancos y establezcamos el trabajo de los mismos de forma integrada a través de sinergias entre los distintos estamentos. Factores físicos, técnicos, tácticos, psicológicos, cognitivos, emocionales… Han de ser trabajados y entendidos como partes de un todo, una simbiosis que potencia y limita todos los elementos de trabajo y que definen el rendimiento del atleta. Sólo a través del desarrollo integrado de todos conseguiremos llevar al deportista a porcentajes de rendimiento cercanos a su potencial máximo.

Àlvaro Garcia Tomàs