Nutrición: la ciencia de lo que comemos, la ciencia de la vida (Parte 1).

Pasadas las vacaciones con la entrada del nuevo curso, llega el periodo donde las consultas de nutricionistas y gimnasios se llenan de gente intentando paliar los efectos de un verano de excesos y culpabilidad.

Una de las disciplinas que más han evolucionado a lo largo de los últimos años de forma exponencial es la nutrición. En la historia reciente de los servicios sanitarios, la ciencia de aquello que comemos, ha sido desarrollada por profesionales con escasa formación y con unas prácticas en muchos casos deficientes. Dietas milagro, falsos mitos y “regímenes” asfixiantes han otorgado una concepción negativa y aleatoria a una de las disciplinas más importantes que conforman el espectro sanitario: la ciencia de todo lo que comemos.

Llega septiembre y nos encontramos echándonos las manos a la cabeza por todos los excesos cometidos y por el número que indica la báscula para aquellos que todavía reunen el valor necesario para subirse a ella. Resulta curioso como nos parecen alarmantes nuestros hábitos alimentarios durante dos meses al año y en cómo centramos nuestro esfuerzo en realizar dietas imposibles e incluso en algunos casos dañinas para nuestra salud y sin embargo no pasamos ni un minuto reflexionando acerca de nuestra alimentación a lo largo de un año.

Dietas milagros, dietas detox, falsos mitos… Todos con el mismo objetivo de eliminar aquellos kilos de más de forma rápida que siempre termina con una inercia que se repite año tras año donde el que consigue perder peso termina por recuperarlo o el que ni siquiera es capaz de seguir las pautas de su dieta.

Realizamos un mínimo de tres comidas al día, durante 7 días a la semana, los 365 días al año, y en lugar de hacer análisis de conciencia y del plato que servimos cada día en nuestra mesa preferimos acatar pautas imposibles a mejorar nuestros hábitos diarios y conseguir unos hábitos duraderos y que se adapten a nuestra realidad.

Un buen plan en nutrición no es aquel que permite perder 10 kilos en un mes con una dieta sacada de un cajón, es aquel que precisa de toda la información que el paciente pueda dar, porque el objetivo del profesional es el de ayudar a llegar al objetivo trazando un plan que respete gustos y preferencias, así como horarios y estilos de vida, adaptándose al máximo a la persona que tiene delante y velando siempre por su salud.

Cualquier planificación precisa de diferentes niveles de objetivos y si bien el objetivo inmediato de la visita a un nutricionista es el de conseguir un determinado peso, es necesario no perder de vista que el objetivo final es adquirir hábitos que puedan mantenerse a lo largo del tiempo de forma autónoma.

Estar en el peso adecuado es algo importante pero la verdadera utilidad de la nutrición radica en aprender a montar el plato que vamos a comernos cada día.

En la siguiente entrega os hablaremos sobre cómo se diseña un plan nutricional a nuestra medida.

 

María Pérez Pont

Álvaro García Tomás