Un paso adelante en la etapa más adulta

La vejez es muy dura! Ya verás cuando llegues a mi edad, aparecen todos los males! A tu edad podía hacer muchas cosas pero ahora ya nada.
Seguro que hemos oído decir alguna de estas y otras afirmaciones a nuestros mayores, (digo mayores a personas próximas a la vejez para poder contextualizar el tema), que de algún modo se ven menos activas, incluso menos válidas para poder desarrollar determinadas actividades.
Posiblemente  se encuentren bien de salud, pero les falta algún “plus de energía” que le dote de una actitud más positiva a partir de la cual dirigir la nueva etapa en la que entran y en la que no se encuentran nada cómodos/as.
Ante esta situación no conozco ningún fármaco ni medicina tan potente como la práctica de ejercicio físico y los beneficios que éste aporta sobre la salud en todas sus dimensiones (física, psicológica y social), siempre y cuando sea asesorada por personas debidamente cualificadas.
Son de sobra conocidos los beneficios físicos que aporta a la persona:

Beneficios del entrenamiento aeróbico
Reducción del riesgo de enfermedades cardiovasculares
Osteoporosis
Disminuye el riesgo de hipertensión
Disminuye estrés psicológico
Disminuye el riesgo de diabetes tipo II y obesidad
Mejora del sueño

 

Beneficios del entrenamiento resistido
Enfermedad cardiovascular
Disminuye la frecuencia cardiaca en reposo (sistólica, diastólica o ambas)
Mejora de los lipidogramas
Actuación ante pacientes poscoronarios
Cáncer de colon (mejorando la velocidad del tránsito intestinal)
Osteoporosis (mejora sistema musculoesquelético)
Diabetes tipo II (mejorando a la insulina, mejora control glucémico, aumenta captación y utilización de la glucosa)
Reduce notablemente los problemas asociados a la artritis.
Mejoras a nivel muscular evitando con ello la sarcopenia.
Ayuda en estados de depresión.
Aumento del índice metabólico

Fuente: Manual NSCA (National Strength and Conditioning Association)

No menos importante, para las persona de la etapa adulta y la vejez son los beneficios a nivel psicológicos y sociales; que incluso personalmente consideraría de necesidad imperiosa.
Algunos de los aspectos  que se engloban dentro estos dos conceptos son la calidad de vida, los cambios en los estados emocionales y los estados de ánimo, la mejora del autoconcepto o los descensos en los niveles de ansiedad y depresión (Biddle y cols., 2000)
En los momentos que vivimos hoy en día en los que parece ser que nos engloba un estado de “depresión generalizada” donde se respira un clima de pesimismo y derrota, es aún si cabe, más importante esta dimensión del ejercicio físico.
La iniciación en la práctica de ejercicio, el querer mejorar día a día, empezar corriendo 5 km y trabajar duro para llegar a completar un maratón, realizar un triatlón sprint e ilusionarse en algún día llegar a hacer el ironman de Hawái…, nos son más que razones que nos muestran la capacidad de la actividad física y deporte para ayudar a la persona a sentirse bien consigo misma, contenta y emocionada por lo conseguido, capaz de esforzarse por cumplir determinados sueños, sentirse ilusionada al comprobar que es capaz de alcanzar objetivos hasta entonces ni pensables, y que tiene una capacidad de superación que no conocía.
Por lo tanto, no podemos olvidar que  la práctica de la actividad física se traduce en una mejora del bienestar subjetivo, entendido como sentimientos de satisfacción ante la vida, la familia y el trabajo.
Pequeñas mejoras en estas áreas  se traducen en un cambio de escenario ante la vida, que permite a la persona entrada en etapa adulta y próxima a la vejez cargarse de energía y afrontar determinadas situaciones con una actitud más positiva, sentirse válidos y ver en la práctica de actividad física una vía de superación que pueda transmitir en su día a día.
Desde EPersonal animo a estas personas a dar un paso adelante, un paso hacia el bienestar, hacia la mejora de su salud y hacia una mejor calidad de vida.

Jose Miguel, Entrenador Wellness de Élite en EPersonal Benidorm